A 127 años de la conformación definitiva del ejército invasor en Lázaro López: bandera de combate en el latir avileño sin perder un día.

Por Félix Jorge Guerrero Vega.

La campaña de la invasión de 1895 constituye en la historia militar cubana un acontecimiento de singular significación. Cumplió como objetivo esencial llegar al occidente del país y levantar en armas la isla de Cuba, hacer sentir los rigores de la guerra en las zonas de mayor riqueza económica, cultural y material que sostenían al régimen colonial español, paralizar la producción azucarera y dar a conocer al mundo la justa lucha del pueblo cubano por lograr su independencia de España. Lázaro López, un punto en la geografía de Ciego de Ávila, enmarca un hecho de extraordinaria relevancia en la historia de Cuba, por su ubicación estratégica y significación histórica, se convirtió en el lugar seleccionado para la organización y conformación definitiva del ejército invasor, en la campaña desarrollada al inicio de la Guerra del 95, una de las contiendas bélicas más trascendentales librada contra el colonialismo español en la segunda mitad del siglo XIX. El significativo hecho ocurrido en Lázaro López daba por concluida la primera etapa de la invasión a occidente. Garantizó la organización, traslado y entrenamiento en el campo de la guerra de las fuerzas que ejecutaron esta misión tan importante y decisiva. La cooperación estratégica entre Gómez y Maceo culminó en este lugar, convenientemente seleccionado por el primero, pues reunía las condiciones tácticas, ubicación geográfica y el sitio idóneo por su tradición histórica. Al amanecer del 29 de noviembre de 1895, después de cruzar la trocha militar de Júcaro a Morón, el lugarteniente general Antonio Maceo y los invasores orientales efectuaron una parada en la finca Gil Herrera, situada al este del barrio de Lázaro López, que tuvo como objetivo localizar al general en jefe Máximo Gómez; además, dar descanso y alimentación a las tropas. El encuentro de Gómez y Maceo, los miembros del Gobierno de la República en Armas y los invasores, ocurrió a las 3 ½ de la tarde en la finca San Juan, en los límites con la de Santo Tomás, del referido barrio, al avanzar ambas fuerzas para coincidir en el mismo punto. En este sitio se abrazaron ambos generales y llenos de júbilo se unieron orientales, camagüeyanos y villareños. Mientras se desarrollaba el acto la banda de música de la columna invasora tocaba el Himno de Bayamo, mientras los soldados orientales coreaban su letra. En el campamento de la finca Lázaro López, ubicado más al oeste, se efectuó la tarde noche del 29 y madrugada del 30 de noviembre de 1895, la organización definitiva del ejército invasor, donde se designó a Maceo como jefe máximo de la gesta invasora; asumió la jefatura del 4.o y 5.o cuerpos de ejército y se seleccionaron los jefes, combatientes y unidades a participar. Las ruinas del fuerte español de Lázaro López, ubicadas en la propiedad Santo Tomás, fueron el escenario escogido para la parada del ejército invasor al amanecer del 30 de noviembre porque en este lugar había caído heroicamente combatiendo, el 9 de septiembre de 1869, el valiente general mambí Ángel del Castillo, devenido en ejemplo inclaudicable y bandera de combate. En aquella eufórica parada militar se pronunciaron las históricas arengas del general en jefe, la del presidente de la República en Armas, Salvador Cisneros Betancourt y la del secretario del Interior Santiago García Cañizares, ante la concentración de un ejército de alrededor de 3 297 combatientes. Máximo Gómez valoró tiempo después, en 1897, la gran significación y trascendencia de aquel hecho, al decidir el futuro de la revolución con la conformación definitiva del ejército invasor en Lázaro López: “El primer paso estaba dado. Se había puesto en ejecución la parte más difícil y escabrosa de toda empresa humana: el principio. A partir de aquel momento, a mi juicio, comenzaba la era en que se iba a jugar la suerte de la Revolución. Era preciso proceder con tino y acierto […]” Si Mangos de Baraguá se eligió como el lugar más significativo para el inicio de la invasión por ser el escenario donde había ocurrido la histórica protesta el 15 de marzo de 1878, protagonizada por el general Antonio que significaba la intransigencia revolucionaria de no claudicar y continuar la lucha, el sitio más a propósito para la parada militar del ejército invasor, eran las ruinas del fuerte donde había ofrendado su vida el legendario general camagüeyano en un gesto de enconada heroicidad y valentía, expresando: “Vengan a ver cómo pelea un general cubano”. Desde este terruño se dio la orden de marcha y establecieron el próximo campamento en las márgenes del río Grande o Majagua, en La Reforma, cerca de donde había nacido Panchito Gómez Toro en 1876. Al conmemorarse el 127 aniversario, la trascendencia del 30 de noviembre de 1895 constituye para la historia avileña el hecho histórico más relevante, porque allí, al conformarse definitivamente el ejército invasor y trazarse la estrategia de la lucha, se fraguó la unidad de las fuerzas mambisas en su batallar por la independencia. Se definió, por el general en jefe Máximo Gómez Báez en su arenga al ejército, la táctica de lucha y bandera de combate que aún acompañan a los avileños en las circunstancias actuales por las que atraviesa el país: “El día que no haya combate, será un día perdido o mal empleado”, convertido hoy en bandera de acción en el latir avileño, sin perder un día.

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