Trascendencia de la parada del contingente invasor oriental en Gil Herrera.

Por Félix Jorge Guerrero Vega.

La campaña de la Invasión de 1895 constituye en la historia militar cubana un  acontecimiento de singular significación. Cumplió como objetivo esencial llegar al occidente del país y levantar en armas la isla de Cuba, hacer sentir los rigores de la  guerra  en las  zonas de  mayor  riqueza  económica,  cultural  y material que sostenían  al  régimen colonial español, paralizar  la producción azucarera y dar a conocer al mundo la justa lucha del pueblo cubano por lograr su independencia de España.

Lázaro López enmarca un hecho de extraordinaria relevancia en la historia de Cuba, por su ubicación estratégica  y significación histórica, se convirtió en el lugar seleccionado para la organización y conformación definitiva del Ejército Invasor, en la campaña desarrollada al inicio de la Guerra del 95, una de las contiendas bélicas más trascendental librada contra el colonialismo español en la segunda mitad del siglo XIX.

 La conformación definitiva del  Ejército Invasor en Lázaro López daba por  concluida  la  primera  etapa  de  la   invasión   a   Occidente.  Garantizó  la  organización,  traslado  y  entrenamiento  en  el  campo de la guerra de las fuerzas que ejecutaron esta misión tan importante y decisiva. La cooperación estratégica entre Gómez y  Maceo culminó en este lugar, convenientemente seleccionado por el General en Jefe, pues reunía las condiciones tácticas,  ubicación geográfica y el sitio idóneo por su tradición histórica.

La parada en Gil Herrera

Después de cruzar la trocha militar de Júcaro a Morón, al amanecer del 29 de noviembre de  1895, el general Antonio Maceo y los invasores orientales hacen una parada en Gil Herrera, finca perteneciente entonces al barrio de Lázaro López, municipio de Ciego de Ávila.

La acampada en este lugar obedeció a un receso de la marcha después de ocho leguas de camino desde el anterior campamento de Artemisa y, fundamentalmente, para enviar correo al General en Jefe Máximo Gómez quien se encontraba en Los Hoyos, con el objetivo de avisar la presencia del contingente oriental; además, almorzar, dar algún descanso a la tropa y los caballos.

No era Gil Herrera un sitio propicio para un campamento o estancia prolongada por ser un lugar de un solo camino o serventía de acceso para comunicación entre fincas. Dicha propiedad contaba con algunas casas y en 1895 se componía de una comunidad de dueños. Sobre este acontecimiento refiere el jefe del Estado Mayor de la Invasión, el general José Miró Argenter, en sus Crónicas de la Guerra: “A dos leguas de la Trocha se hizo alto para expedir correos al general Gómez; y con noticias más tarde de que el Cuartel General se hallaba a media jornada se prosiguió el camino para ir al encuentro de Máximo Gómez…”

Por su parte el general Antonio Maceo en carta remitida a su hermano José desde Lázaro López, el 30 de noviembre (un día después de estos hechos) le manifiesta:

“Ayer, poco después de haber amanecido, llegamos a la trocha de Júcaro a Morón, que cruzamos sin otra novedad que algunos disparos hechos por el fuerte La Redonda que nos causó un herido leve y cuatro caballos heridos al azar. Continuando nuestra marcha avance (sic) nos reunimos por la tarde a un cuarto de hora del poblado de Gil de Herrera, con las fuerzas del Camagüey al mando del General en Jefe, a quienes acompañaban los generales Carlos Roloff y Serafín Sánchez.”

Desde este lugar partió Maceo, los miembros del Gobierno de la República en Armas y los invasores, al encuentro con Gómez que ocurrió en la finca San Juan, ya en los límites con la propiedad San Rafael, a las 3 ½  de la tarde al avanzar ambas fuerzas para coincidir en el mismo punto donde se abrazan ambos generales y llenos de júbilo se unen orientales, camagüeyanos y villareños. Luego en el campamento de las fincas Lázaro López y Santa Isabel se efectuó, la tarde noche del 29 y madrugada del 30 de noviembre de 1895, la organización definitiva del Ejército Invasor. En las ruinas del fuerte español de Lázaro López, ubicadas en la referida Santo Tomás, donde hoy se levanta el Conjunto Monumental, fue el escenario escogido para la parada del Ejército Invasor al amanecer del 30. Allí, en aquella eufórica parada militar, se pronunciaron las históricas arengas del General en Jefe y la del Presidente de la República  en Armas, Salvador Cisneros Betancourt, y partió la Invasión al Occidente. Con motivo de desarrollarse en 1995 la reedición de la Invasión por su centenario, en este punto de Gil Herrera se construyó un obelisco que rememoraba el acontecimiento, se levantó aledaño al hito que señalaba la reedición efectuada en 1945 por efectivos del Ejército de la República por el 50 aniversario de tal acontecimiento. Hasta alrededor 2010 se mantuvo en buenas condiciones el monumento y lo atendía el Porcino de El Azufre y luego la ganadería de Ruta Invasora: A partir de entonces cesó su cuidado y comenzó su deterioro;  elementos inescrupulosos le arrancaron el cercado y la estructura que componía la construcción conmemorativa, quedando solo la tarja y el referido hito. El lugar se pobló de manigua por el total abandono, sin ninguna protección, limpieza y atención.

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